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El Cementerio de Los Ajusticiados.

21.05.2020

Si nos encaminamos a una de las cruces de término más antiguas de la ciudad de València, la situada en el municipio de Almàssera, observaremos en la cercanía un lugar del que puede decirse que esconde entre sus muros historias de personas que encontraron la muerte por alguna condena, cuando todavía se condenaba a muerte a ciertos reos.

Situado en los límites de las poblaciones de Tavernes Blanques y la citada Almàssera, es el conocido como Cementerio de los Ajusticiados, recinto que subsiste hoy en día junto al barranco del Carraixet como mudo testigo de la cuestionable forma de administrar justicia en tiempos pasados.

Podría decirse en primer lugar, que resulta cuestionable referirse a este recinto de los ajusticiados como cementerio, puesto que su función no fue realmente la de dar sepultura a cadáveres, sino que en este lugar lo que existían eran unas horcas, de las cuales colgaban a los ajusticiados, quedando sus cuerpos expuestos al aire libre, hasta que se consumían y sus restos caían, bien al barranco o bien a la pequeña fosa allí existente.

El que sí ejercía la función de cementerio, era un recinto funerario situado a escasos metros de este cementerio de los ajusticiados, el llamado Cementerio de los Desamparados, donde existe en la actualidad una ermita. Éste fue el lugar destinado a dar sepultura a los que morían en plazas o caminos sin que su cuerpo fuera reclamado por nadie.

Breve aproximación histórica.

Los antecedentes del lugar hay que buscarlos, inicialmente en la propia Plaça del Mercat de la ciudad de València, donde se situaba uno de los cadalsos para las ejecuciones públicas. Una vez ejecutados los reos, hay que añadir que se les negaba cristiana sepultura, permaneciendo sus cuerpos allí colgados de la horca durante días. Refiere Marcos Antonio de Orellana que sucedía que, <<cuando había algún colgado, la gente no quería comprar cosa alguna, ni en la plaza, ni en la carnicería que entonces se situaba en la próxima plaza de la Pertusa.>>

Con el fin de evitar el mal olor que se producía en la zona, donde se comerciaba con alimentos, se habilitó más alejado un corral, situado en un callejón inmediato a la desaparecida Iglesia de San Jorge y en la llamada calle dels Transits, donde se exponían los cadáveres de los ajusticiados en València, pero no se les concedía sepultura eclesiástica.

En varios documentos se encuentra nombrado dicho callejón como "Carraxet el vell", por lo que Orellana mantuvo la cuestionable opinión de que el nombre recibido por el paraje del barranco donde se encuentra el cementerio que nos ocupa (que junto con el nombre de Carraixet simultaneó con el de Peralvillo), deriva del nombre que tenía el citado callejón.

Al parecer, cerca del año 1356 y a raíz de una ampliación de la ciudad de València, dejó de utilizarse el callejón Carraxet el Vell y se decidió una nueva ubicación para abandonar los cuerpos de los reos ejecutados.

La nueva ubicación fue la que describimos en estas páginas.

Imagen de la Virgen de Los Desamparados en la fachada de la Ermita
Imagen de la Virgen de Los Desamparados en la fachada de la Ermita

Cofradía de La Virgen de Los Desamparados o Hermandad de Sancta Maria dels Ignoscens.

Entre el 20 de julio y el 28 de septiembre de 1414 se fundó en València la Cofradía de La Virgen de Los Desamparados. Los fines de la Cofradía eran las obras de caridad, además de velar por la asistencia económica, religiosa y social al hospital psiquiátrico fundado por el Padre Jofré.

Con el tiempo se le fueron otorgando funciones diversas como la de atender en la enfermedad a prostitutas, para lo cual los «hostalets» donde ejercían la prostitución pagaban una contribución a la Cofradía. Una de las funciones que también recibió la hermandad con el tiempo, fue la asistencia a los sentenciados a muerte en sus últimas horas y su posterior sepelio, así como la "recogida" de los cadáveres que nadie reclamaba, los de los "pobres desamparados", para así darles el privilegio de un entierro.

El recinto y su conjunto.

Se optó por crear dos recintos funerarios, el Cementerio de Los Ajusticiados, primero de los que recaló en esta nueva ubicación, y el Cementerio de los Desamparados, junto a las paredes de una ermita edificada ex profeso alrededor del año 1447 para el conjunto funerario, que hasta entonces carecía de ella.

Una referencia a la descripción del recinto, la recoge el historiador Cruilles en su guía de València de 1875, publicada por el semanario literario "Revista Edetana", que dice así: "Frente a esta ermita y sin más separación que la del ancho del camino real, había construido un osario o cementerio formado por cuatro paredes de unos ocho pies de elevación. Su suelo tenía unas vertientes o desagües por el bajo, y es de extrañar que las aguas del barranco en el margen del cual se encuentra, respetaron este cercado en las grandes inundaciones. Del centro del osario, se elevaban tres pilares de masonería que formaban un triángulo, dando frente al camino en el remate de cada uno las armas de València, y sobre la corona una cruz, todo de hierro, a manera de las veletas de los campanarios; de pilar a pilar había una viga, cada una de las cuales tenía tres grandes escarpies, y de ellas colgaban los cuerpos de los ajusticiados a quienes el rigor de la sentencia no concedía sepultura, de forma que podía haber hasta nueve de éstos."

Actualmente no queda rastro visible del recinto funerario de los Desamparados, pues su superficie fue utilizada para ampliar la ermita adyacente cuando ésta se reconstruyó alrededor de 1940, trasladándose los cuerpos allí sepultados al cementerio General de València.

Según refiere el citado autor Cruilles, este cementerio del Carraixet figuraba inventariado en 1926 formando parte del patrimonio municipal de bienes inmuebles del Ayuntamiento de València, e incluso en 1955 se llegaron a efectuar obras de consolidación del muro de cierre y puerta de entrada con coste a las arcas de la citada ciudad.

Con independencia de las razones, digamos higiénicas antes citadas, que motivaron el traslado de este recinto funerario fuera de la ciudad de València, la concreta ubicación del mismo junto al indicado barranco, obedece sin duda al hecho que este paraje, a pesar de la distancia que lo separa de la ciudad, perteneciera en aquel entonces a la misma, como vemos.

Según relataba Orellana, todos los años, "el día de Santo Mathies se ejecutaba una solemne Procesión yendo a este lugar de Carraixet la Real Cofradía de la Virgen, y según dice el Dr. Sales también el Clero del Santo Hospital, y congregándose en esta ermita propia de esta cofradía se celebraban todas las misas que se podían, y se recogían los huesos que en el Pozo o alcantarilla de la horca se hubieron caído de los cuerpos de los ajusticiados, y después por la tarde, se posaban estos huesos en la caja de Difuntos y encima el trapo de las Armas, o Insignias de la Cofradía, y de esta forma acompañando todos los otros con cirios, se encaminaban hacia València". Al llegar a San Miguel de los Reyes, la Comunidad de este monasterio cantaba un responso y cuando llegaban a la actual Plaza de los Fueros esperaba a la comitiva los Cleros, y las cuatro Comunidades, de Santo Domingo, San Francisco, El Carmen y San Agustín", de allí continuaban el acompañamiento portante por remate la Imagen de la Virgen y se dirigían al Hospital General, donde los recibían los administradores y concluía la función con un sermón y responsos, cantándose el día siguiente un salmo. Esta procesión o solemnidad duró aproximadamente hasta 1720, pues según refiere Orellana citando a Sales "sin duda la distancia que promedia desde la ciudad a este lugar, pudo enfriar el fervor, al menos de desalentar los ánimos para continuarla". Por ello explica que desde 1720, la única solemnidad que se observaba era, la de ir un Clavario de esta cofradía con unos sacos en los cuales se recogían los huesos y despojos de los ajusticiados, y se les daba sepultura allí mismo en la inmediata ermita de Nuestra Señora de los Desamparados.

Ajusticiados eminentes como el General Elio, pasaron por el cementerio del Carraixet, después de ser ejecutado con garrote vil en València, en el Llano del Real (actualmente calle que lleva su nombre) o el guerrillero saguntino José Romeu, condenado en 1812 por levantarse contra los franceses (Héroe Romeu).

Otro reo conocido, los restos del cual, según algunos historiadores, en algún momento pasaron por el cementerio de los ajusticiados, fue el maestro de Russafa Cayetano Ripoll, ejecutado en la horca la mañana del 31 de Julio de 1826, después de ser sentenciado arbitrariamente por la Junta de Fe, un condenado que recibe el oscuro honor de ser el último condenado a muerte por motivos religiosos en el mundo.

Cayetano Ripoll  Pla
Cayetano Ripoll Pla

Refiere Enrique Malboysson en la revista La Estampa en 1919, que al maestro Ripoll, le condujeron al patíbulo montado en un burro y traje con una hopa negra. <<La gente se amontonaba en las calles para contemplar el macabro espectáculo. Se dice que antes de morir, musitó entre dientes una plegaria y dijo estoicamente al verdugo: "Ahora, cumple con tu deber". La multitud enardecida, dio un grito de satisfacción en el momento de la ejecución, para después de abofetear los padres a sus hijos, como era costumbre en tales actas, para que ellos guardaran buena memoria y les sirviera de escarmiento, mientras pronunciaban una frase unánime y cruel: "Ha muerto el maestro, condenado por Demonio...">>. El cadáver fue metido en un tonel, pintado por el exterior con llamas, sapos y culebras, y fue lanzado en el río, donde permaneció todo el día flotando río abajo, hasta que la Cofradía de los Desamparados rescató los restos a la altura del Puente Del Real y les dio sepultura en el cementerio del Carraixet, aunque posteriormente se trasladaran a las inmediaciones del cementerio General de València.

Desaparecida la costumbre de asistir y ubicar a los ajusticiados en este cementerio, la Cofradía de los Desamparados continuó interviniendo respecto de los condenados a muerte hasta el año 1925. El último nombre que figura en el libro de actas que la Cofradía tenía a tal efecto es el de Salvador Pascual Mascarós, ejecutado junto con Cándido Castellá Genís, el 3 de Octubre de 1925 en la cárcel Modelo por el asesinato del hábil del clero de València, don Juan Bautista Vidal Climent. La Cofradía sufragó también los gastos del entierro de éste y fue enterrado en el Cementerio Civil de València.

El Ayuntamiento de València dejó de financiar el mantenimiento del cementerio y transfirió su propiedad a la Real Cofradía de Nuestra Señora de los Desamparados, inscribiéndose la titularidad el 29 de Abril de 1971, siendo titular a su vez, esta Cofradía, de la también mencionada ermita existente al otro lado de la antigua carretera de Barcelona, todo ello bajo el "apellido" "Del Carraixet", que recibe en Tavernes Blanques la cofradía heredera de la valenciana.

Actualmente, tanto el recinto del cementerio de los ajusticiados, como el pequeño jardín instalado frente a su fachada, se encuentran cerrados al público y las llaves para el acceso a los mismos se encuentran en poder de la citada Cofradía de la Virgen de los Desamparados del Carraixet.

En el centro de este recinto figura, desde 1985, una cruz sobre un pequeño montículo, lugar en el que miembros de la cofradía de Tavernes depositan ofrendas florales el día uno de noviembre.

Un lugar interesante y repleto de historia valenciana, en una ubicación que pasa fácilmente desapercibida para los que no conocen la existencia del Cementerio de los Ajusticiados...

Texto y fotografías: © David Dasar 2020

Fuentes consultadas: espaicarraixet.es; actualitatvalenciana.com; tavernesblanques.es; remembervalenciaelblog.blogspot.com; levante-emv.com; lasprovincias.es ...

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